| Jorge Kurteff nació en
Bulgaria, en 1916. Llegó a la Argentina después de haber pasado
en Europa la Segunda Guerra Mundial, buscando aquí un refugio de
paz y libertad. Adoptó a este país como propio, legalizando
la ciudadanía argentina en 1953.
Como ofrenda de amor a la Argentina, Kurteff ha legado todo su patrimonio
artístico, donando, a instancias de la creación del Museo
que lleva su nombre, el fruto de su extraordinaria experiencia, su depurada
técnica y su fecunda inspiración: 120 piezas realizadas
a lo largo de 50 años de persistente dedicación.
La colección cedida por el artista es una verdadera colección
maestra, única en su género, valuada por expertos en cientos
de miles de dólares. Sin embargo, y a pesar de los muchos ofrecimientos
de compra que recibió, Kurteff se negó a la venta fragmentada
de las obras, ya que en su conjunto resumen una secuencia temática
de singular profundidad, que suele conmover el alma del observador sensible
a la belleza y a la genuina espiritualidad. La misma sensibilidad que
trasunta en las obras, precisamente, es la que llevó al artista,
de joven, a convertir vainas de proyectiles de la segunda guerra mundial
en estilizadas siluetas de flores.
En 1998 el Gobierno de Bulgaria le ofreció a este extraordinario
orfebre la construcción de un museo en la capital de ese país,
pero Kurteff respondió que toda la ora realizada en Argentina debía
quedar en Argentina y eligió a la Villa de Merlo, en la provincia
de San Luís, como lugar para depositar su legado a perpetuidad.
Pocas veces se encuentra personas que estén dispuestas a conceder
como donativo a la sociedad el fruto del trabajo de toda una vida. Sabemos
de hombres y mujeres que han brindado al mundo el resultado de su ciencia,
su conocimiento, su técnica o su arte, pero no todos lograron hacerlo
en vida de manera desinteresada y altruista, como lo ha hecho Jorge Kurteff,
un gran artista, un orfebre de honda espiritualidad y estilizada técnica,
que proyecta a futuro su profundo legado cultural.
Apoyo oficial
Lo que merece una consideración muy especial, también, es
el apoyo institucional que hizo posible la concreción de este formidable
emprendimiento cultural. Inicialmente, en la zaga de agradecimientos públicos,
es pertinente recordar que en su momento la Municipalidad de Merlo, compró
y donó el predio en el que hoy está enclavado el Museo Kurteff.
Formulado el proyecto, la Cooperativa Telefónica de Merlo concedió
un donativo consistente en el 10% del presupuesto total. El resto del
financiamiento económico fue brindado generosamente por el Gobierno
de la Provincia de San Luís, inicialmente cuando la primera magistratura
estaba a cargo del Dr. Adolfo Rodríguez Saa, y en segunda instancia
durante la gestión de gobierno de la Arq. María Alicia Lemme.
Finalmente, un reconocimiento singular a Cámara Regional de Turismo
de Merlo y a la Secretaría de Turismo de la Provincia, a cargo
de Andrés Vallone, la primera por el impulso dado a este emprendimiento
y en el segundo de los casos por el continuo apoyo brindado.
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